En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, USO reclama la autonomía e inclusión social y laboral de estas personas
Hoy es un día fundamental para exigir mejores condiciones en las políticas sociales que promuevan una mayor autonomía e inclusión social de las personas con autismo. Además de promover la visibilización de este grupo de población y sensibilizar a todas las personas sobre el autismo en España.
El trastorno del espectro del autismo -TEA– es una condición del neurodesarrollo que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral. Se traduce en dificultades para la comunicación e interacción social y para la flexibilidad del pensamiento y de la conducta de la persona.
Barreras que dificultan la autonomía de las personas con autismo
En ese sentido, la población que vive con TEA enfrenta diversas barreras individuales y sociales que dificultan su autonomía y les impiden insertarse. Para evidenciar las condiciones actuales que enfrenta la población con TEA y comprender con mayor profundidad las barreras que enfrentan, la Confederación Autismo España ha dado a conocer el informe “Vida independiente y participación social de las personas con Autismo en España 2022-2024”.
De acuerdo con este informe, y con datos del IMSERSO, en 2022 se identificaron 116.202 personas con autismo -el 77,7%, hombres y el 22,3%, mujeres-. El número de personas con autismo ha aumentado un 32,3% de 2020 a 2022, dato que refleja que estas personas siguen sin un diagnóstico o están invisibilizadas. En ese sentido, el 91,35% de las personas identificadas son menores de 30 años, lo cual da cuenta de que el autismo en personas mayores de 30 años es invisible.
En 2022, el 23,9% de las personas con autismo mayores de 16 años tienen reconocido menos del 33% de discapacidad; el 53%, tienen reconocido un 33%-64% de discapacidad; el 11,1% cuentan con un certificado de discapacidad de entre el 65% y el 74% y, finalmente, el 12% de éstas tienen reconocido un grado de discapacidad del 75% al 100%.
Adicionalmente, el 28,5% de las personas con autismo que tienen reconocido algún grado de discapacidad, tienen también reconocido algún grado de dependencia. En este supuesto encontramos a 13.414 personas. De éstas, el 98,5% de ellas recibe alguna prestación o servicio. La más frecuente, en el 69,46% de los casos, es la prestación económica por cuidados en el entorno familiar. Tan solo el 1,04% de estas personas, se beneficia del servicio PAPD (promoción de la autonomía y prevención de la dependencia). Por tanto, se aprecia que los recursos y prestaciones que buscan promover la vida independiente son reducidos.
Personas con autismo en el mercado de trabajo

En el ámbito laboral, las personas autistas que tienen trabajo son el 3,6% con edaddes entre 16 y 21 años; el 26,7%, en la franja de edad entre los 22 y los 30 años; el 41,8%, entre los 31 y los 45 años, y el 29,5% tiene 45 o más años.
Adicionalmente, el estudio analizado, revela que hay un impacto diferenciado entre el empleo de las personas autistas y su entorno de residencia. Así, en el entorno urbano hay mejores condiciones respecto del entorno rural.
De acuerdo con los testimonios recabados en esta investigación, las personas con menos necesidades de apoyo desean: “buenas condiciones, estabilidad laboral, más adaptaciones, salarios acordes a su puesto y responsabilidad y poder trabajar de aquello que han estudiado”. Por su parte, las personas con mayores necesidades de apoyo aspiran a: “poder desarrollar algún tipo de actividad próxima a la laboral que sea significativa y esté adaptada a sus necesidades”.
Los datos analizados hasta aquí nos permiten dar cuenta que los esfuerzos emprendidos hasta la fecha son insuficientes. Contamos con un sistema de dependencia que es soportado por las familias y que, como bien sabemos, en una abrumadora cantidad, por mujeres. Los programas y servicios de ayuda a personas con autismo que fomentan la independencia y promueven la autonomía son bastante escasos.
Reformular la atención al colectivo
Desde USO consideramos fundamental que se reformule el enfoque de atención al colectivo. Son necesarias políticas públicas que fomenten el desarrollo personal e individual de las personas con autism. Además, una estrategia integral de cuidados, que promueva el cuidado de las personas cuidadoras y la autonomía de las personas dependientes.
Por otra parte, necesitamos transformar el mercado laboral para permitir la inserción total de las personas con autismo. Esto se traduce en desarrollar todo el potencial de estas personas, visibilizando la labor que realizan, adaptando y haciendo accesible su trabajo para lograr así su desarrollo personal y laboral. Finalmente, tenemos que seguir trabajando socialmente para eliminar todas aquellas barreras invisibles que siguen obstruyendo y opacando los proyectos de vida de las personas autistas, que se traducen en estigmas, prejuicios y falsas percepciones en torno al autismo. Tenemos mucho por hacer pero, en conjunto, lo podemos lograr.
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